Por qué la música clásica es beneficiosa para los niños

Los padres saben instintivamente que una canción de cuna puede ser una de las mejores formas de calmar a un bebé y de ayudarle a conciliar el sueño. Pero ¿cuántas veces han reflexionado sobre quién escribió esa música?

La Wiegenlied: Guten Abend, gute Nacht de Johannes Brahms, más conocida como la Canción de cuna de Brahms, es a menudo la canción elegida para una caja de música infantil. Por otra parte, es probablemente gracias a las doce variaciones de Wolfgang Amadeus Mozart sobre la canción francesa Ah, vous dirai-je maman que podemos tararear la melodía de Twinkle, Twinkle, Little Star.

La música clásica no es sólo para adultos

Desde nuestros primeros momentos, la música clásica nos rodea. Algunos compositores, de hecho, escribieron música específicamente para niños. La colección de seis piezas para piano de Claude Debussy, Children’s Corner (El rincón de los niños), y la suite orquestal Pedro y el lobo de Serguéi Prokófiev son muy conocidas, mientras que El carnaval de los animales, la colección de animales musical de Camille Saint-Saëns, ha sido adoptada por los profesores de todo el mundo para introducir a los niños en el universo de la música clásica.

La experiencia de los más pequeños con la música clásica no debería limitarse a estas composiciones. Cometemos el error de suponer que la mayor parte del repertorio clásico es demasiado complicado para ellos. Pero ningún compositor clásico ha sugerido nunca que su música esté más allá de la comprensión de un niño. Incluso los más jóvenes son capaces de decir cómo les hace sentir una pieza musical: tristes, felices, emocionados, incluso un poco asustados. Puede que no tengan la capacidad de análisis de un musicólogo, pero pueden llegar inmediatamente al corazón de lo que significa la música.

Cómo ayuda la música clásica a los niños

Aprender a compartir tus opiniones con los demás es una habilidad que demuestra empatía e inteligencia emocional. Pero la música clásica también puede ayudar a los niños a desarrollar otros tipos de inteligencia. Así, por ejemplo, el “efecto Mozart” demuestra que escuchar música clásica puede mejorar la inteligencia espacial.

Dominar un instrumento musical mejora la destreza y la motricidad fina, mientras que escuchar, leer y tocar música es, para algunos, el equivalente a un entrenamiento cerebral completo: es la mejor manera posible de reforzar la comunicación entre los hemisferios derecho e izquierdo. Actuar delante de otras personas puede ayudar a los niños a superar su miedo a las situaciones sociales.

¿Por qué música clásica y no música pop?

Marc Neikrug, compositor clásico contemporáneo, sostiene que escuchar a Schubert y Schumann, entre otros, es el antídoto perfecto para una de las mayores preocupaciones de nuestros tiempos: la reducción de nuestra capacidad de atención.

La música clásica puede, de hecho, ser más beneficiosa que la música popular para el desarrollo de la mente de los niños. El carácter repetitivo de la música pop, tanto rítmica como melódicamente, es parte de su atractivo. Pero la música clásica, en comparación con el jazz moderno o el serialismo de Schönberg, es igual de accesible. Comparte las mismas reglas armónicas que la música pop, pero tiende a trabajar un poco más sus temas, adaptando un motivo en un tono diferente, improvisando una variación o invirtiendo el acompañamiento y la melodía, por ejemplo. Hay, pues, una variedad inherente de ideas en la música clásica contra la que la música pop encuentra difícil competir. Dicho de otro modo, la música clásica se nutre del elemento sorpresa, mientras que la pop se basa en lo ya conocido y probado.

Cuando escuchamos una pieza de música clásica por primera vez, nunca podemos estar realmente seguros de hacia dónde va a ir. Así que seguimos escuchando. Los niños pequeños, libres de las ideas convencionales o de las tendencias del momento, están siempre deseosos de descubrir cosas nuevas. La inmensa variedad de la música clásica puede ser el acompañamiento ideal en su exploración del mundo que les rodea.