Termas de Caracalla

Enormes baños públicos en el pináculo de la tecnología antigua, las Termas de Caracalla son todavía muy dignas de ser visitadas

La red de baños públicos comenzada originalmente por el emperador romano Septimio Severo en el año 206 d.C. es más conocida como las Termas de Caracalla. Su nombre se debe a que dicho complejo fue terminado en el año 216 bajo el mandato de Caracalla, hijo y sucesor del mencionado emperador, después de la muerte de su padre. Una de las casas de baños más amplias y lujosas de Roma, fue diseñada en un primer momento para acoger a un gran número de bañistas (tenía una capacidad máxima de 1.600 personas aproximadamente). Construidas para perdurar, las Termas de Caracalla fueron constantemente utilizadas hasta el 537, año en el que fueron destruidas por las tribus visigodas invasoras. Se estima que, en su época de apogeo, los baños termales habrían sido visitados por entre 6.000 y 8.000 ciudadanos romanos cada día. Sin embargo, no hay que olvidar que, para su buen funcionamiento, eran necesarios cientos de esclavos, a menudo empapados de sudor, que debían recorrer los nueve kilómetros y medio de túneles escondidos bajo el complejo para ocuparse de todo el sistema de fontanería.

Las termas hoy en día

Actualmente, las ruinas existentes nos permiten hacernos una idea de cómo eran los baños hace tantos siglos. Además, las excavaciones arqueológicas y las obras de restauración más modernas, incluyendo algunas reconstrucciones divertidas, contribuyen a dar a este lugar histórico un mejor contexto para el visitante ocasional que quizá no conozca bien el mundo antiguo. Buen ejemplo de la infraestructura y la planificación cívica romana, las Termas de Carcalla son el más extenso de todos los establecimientos termales que han sobrevivido. Los baños incluían el caldarium, o habitación caliente, tipo sauna, el tepidarium, con baños de agua tibia, el frigidarium, o sala con baños fríos, una piscina, varios gimnasios, tiendas y un jardín. El complejo contaba incluso con su propia biblioteca, algo ideal para los romanos, a los que les gustaba tanto leer mientras se bañaban. Para dar un aspecto lujoso a las termas, se utilizó mármol en abundancia en las diferentes salas. A esto hay que añadir el gran número de esculturas, mosaicos y frescos que adornaban el interior.

La influencia de las termas en la arquitectura

Las Termas de Caracalla han ejercido una gran influencia en los arquitectos y diseñadores a lo largo de los siglos. Así, por ejemplo, Donato Bramante y Andrea Palladio, dos arquitectos del Renacimiento, se inspiraron en ellas e incorporaron algunos de los aspectos de su diseño en sus propios planos. Entre el frigidarium y el tepidarium se encontraba uno de los puntos más destacados de este complejo termal: una gran sala cubierta por un enorme techo abovedado. Maravilla de su época, esta sala se convirtió en el diseño estándar para las naves abovedadas que encontramos en las iglesias de la Edad Media de toda Europa. Mucho más tarde, la firma arquitectónica McKim, Mead & White imitó también parte de este techo en el diseño de una estación ferroviaria de Nueva York.

Cuando las termas estaban en funcionamiento, un sofisticado sistema de distribución de agua aseguraba el mantenimiento de un flujo constante de agua entre el acueducto Aqua Antoniniana, un ramal del acueducto Aqua Marcia, y los baños. Bajo los edificios principales había dos pisos más. El nivel superior se utilizaba para calentar el agua, mientras que el nivel inferior servía para el drenaje y la eliminación de aguas residuales. En diciembre de 2012, un museo abrió sus puertas al público en estos niveles para que los túneles que se encuentran bajo las áreas de baño pudiesen ser explorados; en la actualidad siguen siendo populares entre los visitantes de Roma.

Visita

Hoy en día, además de estar abiertas al público para ser visitadas y exploradas, las termas son utilizadas también para otros fines. Así, este lugar sirve regularmente como escenario para representaciones de ópera y ballet, principalmente durante los meses de verano, cuando se celebra el festival de música de Caracalla. En la temporada del festival, conocido como Roma Opera Aperta, óperas y ballets tradicionales, aunque también otros más modernos, son representados con frecuencia. Las producciones operísticas normalmente utilizan las Termas de Caracalla para dar un efecto más dramático, y cuentan a veces con numerosos intérpretes y con una puesta en escena dinámica que aprovecha al máximo este entorno histórico. El festival incluye igualmente actuaciones puntuales de algunos de los artistas más célebres del mundo.