Coliseo

Situado en el corazón de la ciudad antigua, es una de las construcciones más impresionantes y representativas de Roma

El Coliseo es uno de los lugares más famosos y cautivadores de toda la península itálica. Denominado originalmente Anfiteatro Flavio por haber sido construido bajo la dinastía de los emperadores Flavios – la cual fue fundada por Vespasiano, quien se ganó una reputación como comandante militar durante la invasión romana de Britania (Gran Bretaña) – este inmenso anfiteatro fue inaugurado en el año 80 d.C. Desde el principio, el Coliseo, o Colosseum, nombre derivado del latín y que adquirió en la Edad Media, fue utilizado como arena para los gladiadores, donde se organizaban toda clase de diversiones y espectáculos públicos. Vespasiano había encargado la construcción de esta arena unos ocho años antes de su apertura, y decidió levantarla sobre el terreno que había ocupado el precedente complejo palacial Domus Aurea de Nerón. Cuando el Coliseo estuvo terminado, era Titus, el hijo de Vespasiano, quien ocupaba el trono Imperial y quien, en un acto audaz, inauguró este gran monumento con una serie de juegos públicos que duraron 100 días. En aquel momento, este edificio en forma de óvalo y constituido de arcos, no alcanzaba la actual altura que puede ser contemplada hoy en día tanto por los romanos como por los turistas, sino que fue el emperador Domiciano quien agregaría más tarde el piso superior.

Asombrosas características arquitectónicas

Una de las cosas más extraordinarias sobre el Coliseo es que está levantado sobre sí mismo, sin ningún tipo de soporte. En otras partes del mundo antiguo, los anfiteatros estaban generalmente sostenidos por las obras de acondicionamiento del terreno o excavados en la ladera de las colinas. El Coliseo, sin embargo, no cuenta con nada de esto, lo que hace que sea un impresionante ejemplo de ingeniería civil romana por sí misma, antes incluso de considerar sus méritos arquitectónicos. Si tenemos en cuenta su colosal tamaño, que cubre una superficie de 189 por 156 metros, podemos decir que, probablemente, no hay otra estructura en el mundo capaz de rivalizar con él, y todavía menos una que esté en el medio de un centro urbano desde hace casi dos milenios.

Remontándonos al periodo clásico de la arquitectura griega, esta imponente arena se encontraba rodeada por arcadas enmarcadas por semicolumnas decorativas. Estas últimas corresponden a los tres órdenes arquitectónicos clásicos: el dórico, el jónico y el muy estilizado corintio. Los elementos estructurales principales de las fachadas del Coliseo son de travertino, mientras otros muros son de toba volcánica. El cemento fue también ampliamente utilizado en la construcción del edificio, especialmente en las bóvedas y las arcadas.

Visita al Anfiteatro

Aquellos que exploren el Coliseo hoy en día todavía pueden hacerse una idea de cómo era en su momento de máximo apogeo. Con una capacidad para unos 50.000 espectadores, habría rivalizado con muchos de los estadios actuales. Poseía un enorme toldo retractable, o velarium, ahora desaparecido, concebido para dar sombra al público. El suelo de madera del Coliseo es también cosa del pasado. Sin embargo, esto permite que los pasadizos secretos y los caminos interiores queden completamente expuestos, ofreciendo una maravillosa idea del funcionamiento interno del anfiteatro. Pocos visitantes son capaces de recorrerlos sin imaginar la tensión de los gladiadores y las bestias esperando en estos pasajes subterráneos.

El Coliseo a través de los tiempos

A pesar de las numerosas guerras que ha conocido Roma desde la caída del Imperio Romano, el Coliseo se mantiene en muy buen estado. Muchos de los mármoles decorativos que revestían ciertas partes de la estructura han desaparecido y sus asientos de mármol se han utilizado para otros fines. El anfiteatro también se ha visto afectado por los rayos y los terremotos a lo largo de los siglos. En la época medieval, el Coliseo se convirtió en una fortaleza que fue ocupada por familias guerreras enemigas romanas, como los Frangipani y los Annibaldi. Habría que esperar, no obstante, hasta el siglo XIX y el reinado del Papa Pío VIII, para que el edificio fuese objeto de una campaña para preservarlo. En el transcurso de los últimos veinte años, las autoridades de la ciudad han llevado a cabo grandes obras de restauración a fin de proteger uno de sus mayores atractivos turísticos históricos, que fue clasificada como una de las Nuevas Maravillas del Mundo en 2007.